«No hace falta ser un genio para llevar a cabo actualmente un sonido creíble de la vieja escuela: unas cuantas guitarras gangosas, mucho eco, una burlona voz principal encima de todo y rápido, se está preparado para arrasar. Hay una diferencia, sin embargo, entre un matiz clásico teñido de actualidad y otro compuesto por una serie de imitadores de Eddie Cochran. Lo que nos lleva a Hillbilly Moon Explosion, unos renovadores del rock desde Zurich que se han pasado los últimos años de gira por Europa, publicando un par de aclamados lanzamientos (en el 2002 Introducing The Hillbilly Moon Explosion y Bourgeois Baby en el 2004) mientras observaban su base de fans crecer a pasos agigantados. Ojo, esto no es una extraña parodia de Sun Records; en su mejor momento, el bajista y vocalista de HME, Oliver Baroni, la guitarrista y vocalista Emanuela Hutter, el guitarrista Duncan James y el batería Lucas Weyermann - se encontraron como una banda sonora producida por Sam Phillips para una película de Sam Raimi, un rápido shock, un furioso fondo de bajo de sopetón, y unas palpitantes, atrapantes y fundamentadas capas de amenazantes líneas de guitarra, aullando voces de fondo mientras escalofriantes teclados crecen, y con la voz principal de Hutter que proporciona el perfecto punto focal tanto sonoro como visualmente, con medias de rejilla y todo.

Cuando llegó el momento de lanzarse al camino de un esfuerzo independientemente de terceros, los líderes de los Hillbillies Hutter y Baroni finalmente se dirigieron a los Estados Unidos, viaje que concluyó en la puerta del ingeniero-productor Mark Neill, propietario de San Diego’s Soil of the South Studios. No podía imaginar una combinación mejor: Neill, un «rockabilly» sureño de raza cuya lista de músicos incluye a The Paladins, Los Straitjackets y los Olds 97s, es un arqueólogo del rock de alto nivel y un gran coleccionista de una selección de herramientas de sonido de la vieja escuela, que sabe cómo forzarlas en unos pocos intentos usando el menor número de pistas posibles (antes llevaba mucho tiempo y muchas pistas). Con el propósito de proporcionar a Baroni y Hutter el apropiado marco instrumental, Neill consiguió el apoyo de músicos como el guitarrista Eddie Angel (de Los Straitjackets), el saxofonista Archie Thompson y el tambor de Craig «Flash» Packham, con el mismo Neill revistiendo de ritmo las guitarras. El resultado es All Grown Up, una amalgama religiosamente preparada (y principalmente en mono) de irrefrenables canciones rockeras que marca, en un estilo a Ramones, un tiempo de dos minutos y medio cada una, caracterizando los contundentes y clásicos saxos de Baroni en «Live the Life», la sensualidad exótica que da Hutter en «House of Bamboo», sin mencionar el tour-de-force interpretativo de Mel Larson en «Little Lil», con la voz principal de Baroni distorsionando auténticamente como Little Richard en 45 revoluciones. Y en el caso de que alguien haya olvidado en qué país real se supone que suena, está el Baroni que escribió «Brown Eyed Boy», un cadencioso pastiche a lo Loretta Lynn que no deja traslucir el homicida intento de describirlo.

¿Qué es lo bueno de todo esto? «Pensar que estos tipos vinieron a San Diego de Europa con un puñado de canciones de guitarra acústica y el absolutamente clavado sonido clásico de rock’n’roll - hecho contemporáneo», comenta el normalmente reservado Neill. «No había visto que esto ocurriera antes.»

Dave Simons, de la revista Rolling Stone.

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